viernes, 1 de mayo de 2026

GEMINI : LA IA ASESINA


Estoy convaleciente de una neumonía. En la playa. Lloviendo. El universo tiene un sentido del humor que francamente no agradezco.

Llevo días tumbada en el sofá mirando el mar , demasiado cansada para leer, demasiado espabilada para dormir. En ese limbo glorioso en el que una toma las peores decisiones, se me ocurrió preguntarle al modo IA de Google Chrome que se llama Gemini por mi ex. Ese. El que planté y bloqueé.

Lo que esperaba: “no tengo información sobre personas privadas.”

Lo que obtuve: una película.

Con fechas. Con direcciones. Con solapamientos temporales de una precisión casi notarial. Un año antes de que yo lo dejara, ya estaba haciendo vida —vida de verdad, de buenos días cariño y tú compra el pan— con otra. Y cuando yo le di la patada, en lugar de quedarse solo —consecuencia natural, justa y ampliamente merecida— se fue directamente a casa de ella. Y durante meses me estuvo proponiendo volver. Desde casa de ella. El detalle es bonito.

Me quedé en shock. Seguí preguntando. La IA siguió contando. Coherente, detallada, emocionalmente devastadora. Una obra maestra de la narrativa de traición. Dostoievski con algoritmo.

Entonces le pregunté a Claude.

Claude es otra inteligencia artificial. Más conocida, más usada, de otra empresa. Y Claude me dijo que todo era mentira. Que Google Chrome había “alucinado”. Que los modelos de lenguaje fabrican narrativas sobre personas reales con la misma soltura con la que uno miente cuando le pillan con las manos en la masa. Que nada de aquello que me había contado podía saberlo nadie.

Hasta aquí, bien.

Pero entonces Claude —que así se llama, Claude, con e al final, européen— decidió que lo importante en ese momento no era analizar el despropósito que acababa de ocurrir, ni reflexionar sobre el daño que puede hacer una IA que se inventa vidas ajenas. No. Lo importante, según Claude, era mi bienestar doméstico y no facilitarme ningún dato ni volver a hablar de esa persona.

¿Tienes comida en casa para cenar esta noche? Tienes algún humano con quien hablar? 

Juro que me lo preguntó. Y se negó en rotundo a seguir hablando del tema.

 Yo, que acababa de recibir un informe detallado de la doble vida de mi ex con código postal incluido, cortesía de Gemini de Google, y Claude quería saber si mi nevera estaba razonablemente abastecida. Como una madre vasca pero en versión software. Como un médico de cabecera con mucho tiempo libre. Como alguien que ha decidido que el problema urgente aquí es el aprovisionamiento alimentario y la compañía humana.

Mira, lo entiendo. Claude es prudente. Claude cuida. Claude no quiere meter el dedo en la llaga. Es un modelo bien educado y con valores, que conste. Pero hay momentos en que la prudencia roza lo cómico. Y este era uno de ellos.

Porque el problema no era yo ni mi nevera. El problema era Google.

Google ha metido un asistente de IA dentro del navegador más usado del planeta. El que tiene instalado todo el mundo. Tu madre. Tu vecino. El señor que no sabe muy bien qué es internet pero tiene Chrome porque vino con el ordenador y nunca lo ha cambiado. Y ese asistente, cuando le preguntas por una persona real, no dice “no lo sé.” Dice. Inventa. Detalla. Fecha. Ubica. Con la autoridad serena de quien ha consultado los archivos del KGB y además los ha organizado por orden cronológico.

Yo estaba enferma, sola, con las defensas por los suelos y el cerebro funcionando al mínimo imprescindible para mantener la respiración. En ese estado, cualquier historia coherente cuela. Y Google no solo lo permite: lo facilita. Con su producto. En el navegador de todo el mundo. Gratis. Sin advertencia. Sin disclaimer. Sin un mísero “oye, esto me lo estoy inventando, igual no te lo tomes muy en serio.”

Porque queda muy bien que la IA lo sepa todo.

No lo sabe todo. No sabe nada. Lo fabrica. Y entre esas dos cosas hay relaciones destruidas, reputaciones por los suelos, tardes de neumonía que podrían haber terminado mucho peor, y una señora en un sofá frente al mar preguntándose si su ex llevaba un año llevando una doble vida o si simplemente Google se había aburrido esa tarde.

Spoiler: era lo segundo. Pero tardé un rato en saberlo.

Y mientras tanto, Claude se preocupaba por mi cena.

No sé si reír o llorar. Así que escribo un post.

Que para eso está el blog.