Hoy he estado en el Reina Sofía viendo una exposición de un artista cubano muy creativo, Felix Gonzalez-Torres, que hacía obras efímeras, instalaciones participativas, trabajaba con caramelos y murió muy joven de sida. Su gran amor también murió de sida, y ese amor está muy presente en su obra
He hecho una visita guiada que me ha gustado mucho y, al terminar, digo:
—Bueno, voy a dar otra vuelta y luego me voy.
Así que doy otra vuelta tranquilamente. Pero cuando termino pienso: bueno, pues ahora sí que me voy.
Y entonces descubro que no encuentro la salida.
Voy por aquí, por allá, hago unos cuantos dobleces por los círculos, vuelvo sobre mis pasos… y veo a un empleado del museo. Un hombre de aproximadamente cuarenta años, muy guapo, con ese deshabillé auténtico, ligeramente extravagante, que a mí me fascina.
Y pienso: pues le voy a preguntar.
Me acerco y con cara de horror le digo :
— No encuentro la salida. Me he perdido.
Me mira muy serio y me dice:
—Es que esto no tiene salida.
Y yo:
—¿Cómo que no tiene salida? ¡No me jodas!
Porque, además, estábamos justo debajo de una de las instalaciones del artista: una especie de guirnalda de verbena preciosa. Había, en una repisa, dos auriculares unidos y, cuando te los ponías, sonaba un vals. La idea era que dos personas bailasen juntas el vals de la verbena.
Y yo, con cara de más horror todavía :
—Pero si estoy aquí en la verbena y no me he traído novio !!!
Y entonces él, con toda seriedad:
—Bueno, pero es que esto se entiende mejor si piensas en el sida.
Y yo:
—Mira, ahí no te pillo.
Y me explica que todo aquello funciona como un cuerpo que se va comiendo a sí mismo, que se autofagocita, que no tiene salida y termina autodestruyéndose.
Yo:
—Buah.
Y después de semejante explicación sobre el cuerpo, el novio, el amor, la verbena, el sida, la autofagocitación y la ausencia de salida, le digo:
—Mira, yo lo que quiero ahora es tomarme una cerveza muy grande y muy fría.
Y entonces me señala, como hizo Colón cuando vio tierra
—Pues mira, la salida la tienes alli al fondo fondo, a la izquierda.
Y así terminó la visita.
Muy bonito todo.
También decir que además cayó entre pecho y espalda un bocadillo de calamares con alioli.
Larga vida a la autofagotización.
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