domingo, 26 de abril de 2026

LA ALIMAÑA

Nunca me había encontrado con un psicópata. Jamás. Y no es por ingenuidad: soy culta, estudiada, vivida… hostia, una mujer que ha leído, pensado y sentido bastante.

Pero ahí estaba yo, un día cualquiera, frente a uno. Uno muy bueno, de esos que parecen normales hasta que no lo son. Hasta que no lo son y te enseñan, sin avisar, lo que es vivir con un monstruo que sabe disfrazarse de persona.

Durante mucho tiempo no supe cómo llamar a lo que me pasaba. Una confusión emocional que me atrapaba, que me hacía repetir conversaciones una y otra vez en mi cabeza, intentando descifrar por qué ahora se me había olvidado vivir. Qué había hecho mal. En qué punto exacto dejé de ser yo sin darme cuenta.

Y lo más terrible de estar dentro de una relación así es que nadie te cree. Dudaba de mí misma y además, cuando comunicaba mis sospechas, todo el mundo me decía “coño… estás loca…” mientras él mantenía una imagen impecable frente a todos. Sin recibir el apoyo que necesitaba, sin nadie que me ayudara a ver la realidad. Me quebré. El sistema de salud también intervino: me medicaron de forma significativa durante años, dejándome completamente fuera de órbita.

Hasta que alguien me escuchó. Mi terapeuta. Escuchaba. Y eso era mucho.

Porque poner palabras siempre me ha servido. Escribir me ha servido. Pero hablarlo, hablarlo de verdad, con alguien que no te juzga y que además está fuera de la jurisdicción del psicópata… eso fue un primer respiro.

Y un día hizo una pausa. Una pausa larga. Me miró fijamente y dijo:

“Oye… pero… ¿a ti te gusta como persona?”

Pues yo no me lo había preguntado. Nunca. Me quedé pensando: ¿pero me gusta como persona? Y entonces empezó a caerse todo. Empecé a notar que la realidad de mi vida con él era oír una cosa y ver otra. Y yo creía lo que oía sin tener en cuenta lo que hacía, porque cuando alguien en quien confío me dice cosas, me las creo.

Esa frase me sacó del laberinto, me sacó de la disociación cognitiva. Bueno, empecé a salir. Y entonces los descubrí: Gaslighting, reencuadre, negación sistemática, minimización, proyección, triangulación, intermitencia reforzada, love bombing, ley del hielo, devaluación progresiva, aislamiento social, desprestigio previo, invalidación emocional sistemática, doble vínculo, movimiento de portería, whataboutism, salami slicing, máscara social, encanto instrumental, victimización estratégica, monitoreo y vigilancia, micromanagement emocional, castigo y recompensa, hoovering.​​​​​​​​​​​​​.. todos los horrores. Resulta que todo lo que me había parecido incomprensible durante años tenía nombre. Tenía manual. Tenía víctimas antes que yo y las tendrá después.

Y aquí está la trampa más cruel: estos mecanismos funcionan precisamente porque no los conocemos. El psicópata —el manipulador, el abusador emocional, llámalo como quieras— opera en la oscuridad del desconocimiento ajeno. Sabe que si su víctima no tiene vocabulario para lo que le está haciendo, tampoco tendrá forma de defenderse. Por eso nombrarlos importa. Por eso hablar de ellos importa. Porque estos monstruos no viven en las películas de terror: viven entre nosotros, van al trabajo, tienen amigos que los adoran y sonríen en las fotos de grupo. Identificarlos —reconocer sus patrones, sus técnicas, su arquitectura del daño— es el único antídoto real. A mí me costó once años de mi vida aprenderlo. Ojalá a ti te cueste solo leer este post.

Y empecé a recuperar algo fundamental: mi vida. Mi criterio. Mi coraje. Mi capacidad de sentir sin estar permanentemente justificando a otro.

Yo pensaba que la inteligencia, la cultura o la experiencia me protegían de caer en una relación de abuso emocional.

No es verdad.

En mi caso, la pregunta correcta no era: ”¿me quiere?” Ni siquiera: ”¿va a cambiar?”

Para mí, la pregunta detonante fue:

¿Pero… te gusta como persona?

Gracias, Arkaitz

Y gracias también a Vicente Garrido Genovés por su accesibilidad, sus consejos y su libro “ El psicópata integrado en la familia, la empresa y la política”

Sin ellos no habría visto la salida.

Imagen de Elza Kurbanova

sábado, 25 de abril de 2026

MIS 100.000 PESETAS Y YO



(O cómo financié el crowdfunding más grande de la historia de Europa sin saber que eso existía)

El 15 de julio de 1998 el juez Garzón cerró el periódico Egin. El 16 de julio de 1998 ya estábamos poniendo dinero para abrirlo de nuevo.

Al día siguiente. Literalmente.

No había plataformas, no había algoritmos, no había campañas virales. Ni siquiera había nombre para lo que estábamos haciendo. Había rabia, había convicciones, y había gente sacando la cartera antes de que el polvo del cierre se hubiera asentado. Los propios trabajadores de Egin sacaron algo a la calle al día siguiente, como quien dice aquí seguimos, no nos habéis callado. Y nosotros, desde fuera, respondimos igual :

6 millones de euros de hoy

10.000 personas

el mayor caso conocido en Europa en este tipo de financiación

A base de confianza, de boca en boca, de sobres y firmas. Y nació el periódico Gara.

Yo puse 100.000 pesetas. Una cifra redonda que en pesetas suena a mucho más de lo que era: 601 euros. Lo que cuesta hoy una noche de hotel con pensión completa en Donosti.

Acabo de calcular cuánto valdría ese dinero invertido en ladrillo, que es lo que hago siempre. Entre 2.500 y 3.000 euros. Tampoco para tirar cohetes. Pero el 16 de julio de 1998 no pensé ni un segundo en el ladrillo. Pensé en que necesitábamos un periódico, y lo pensaron otras 9.999 personas al mismo tiempo, con la misma urgencia, casi el mismo día. No lo llamábamos crowdfunding. Lo llamábamos compromiso.

Quince años después, en 2015, Pedro J. Ramírez lanzó El Español con una campaña de crowdfunding que se presentó como récord mundial del periodismo. Consiguió 3,6 millones de euros. De 5.600 personas. Con toda la maquinaria de internet, las redes sociales y la prensa rosa cubriendo cada movimiento del fundador.

Nosotros fuimos el doble de gente y recogimos el doble de dinero. En 1998. Sin móviles. Sin internet. Sin nada más que las ganas y el cabreo.

La diferencia es que ellos lo llamaron crowdfunding y salió en todos los periódicos. Nosotros lo llamamos compromiso, y no salió en ninguno. Porque cuando lo hace la izquierda abertzale, la historia mira para otro lado. Siempre hay una razón. Siempre hay un pero. Siempre hay un silencio que se disfraza de prudencia.

Porque en 1998 pusimos dinero movidos por valores. Y los valores siguen ahí. Intactos. Aunque el mundo que los necesita sea cada vez más oscuro y más ruidoso.

Hoy el fascismo avanza a gritos y a insultos. La extrema derecha ha aprendido a ocupar todos los espacios sembrando miedo y barro. Y en ese paisaje, un periódico que dice lo que piensa, que no le debe nada a ningún poder institucional ni a ninguna derecha con chequera, vale más que nunca. Aunque ande justo. Aunque nadie lo cuente.
En 1998 supimos responder al día siguiente. Sin manual, sin plataforma, sin nombre para lo que estábamos haciendo. Solo con la certeza de que había que hacer algo.
Quizá ahora también toca pensar qué hay que hacer. 

Otra vez.

viernes, 24 de abril de 2026

EL AVE FENIX



Hubo un tiempo en que yo era ese teléfono que siempre tenía cobertura. Daba igual la hora, el contexto o el desastre: sonaba y yo respondía. Sin preguntas incómodas, sin condiciones, sin factura. Si hacía falta pala, yo ya iba de camino con dos.

No era altruismo puro. Tampoco era ingenuidad, aunque lo pareciera. Era una mezcla muy bien cocinada de responsabilidad autoimpuesta, empatía desbordada y una convicción silenciosa: si yo puedo sostener, sostengo. Y sostuve. Hijos, parejas, familia, amigas, estados de ánimo ajenos, vidas enteras que parecían desmoronarse si yo soltaba un milímetro.

Spoiler: no se desmoronaba nada si yo soltaba, pero…

Lo que sí se desmoronó fui yo. Con elegancia, eso sí. Sin hacer ruido. Que para eso una también cuida: incluso su propia caída.

Después vino el derrumbe oficial, ahí con un poco de ruido. La palabra grande: depresión. Profunda, de las que no admiten maquillaje ni frases motivacionales. Y, contra todo pronóstico —incluido el mío—, salí. No intacta, eso es un mito, salí distinta. Bastante más incómoda para los demás, curiosamente.

Porque al salir, hice algo imperdonable: empecé a mirar la reciprocidad.

Y claro, aquello era un páramo.

Descubrí que muchas relaciones funcionaban con una lógica muy sencilla: yo daba, el otro recibía. Yo entendía, el otro exigía. Yo sostenía, el otro se apoyaba… con todo su peso. Y no, no era un malentendido puntual. Era el sistema.

Así que tomé decisiones. No heroicas, no épicas. Prácticas.

Me separé de quien convertía el vínculo en un campo de desgaste constante. Corté con la idea de que la familia es una obligación perpetua, incluso cuando te resta más de lo que te da. Empecé a retirarme —sin escándalo, pero sin ambigüedad— de amistades donde la balanza llevaba años rota. En definitiva lo que hice es bajarme del modo disponibilidad infinita.

Seguiré estando, sí. Pero no a cualquier precio, ni en cualquier formato, ni con esa inmediatez automática que me convertía en servicio público.

Y aquí viene la parte incómoda: no todo el mundo lo ha entendido. Algunos lo viven como una traición. Otros, como un cambio de carácter. Alguno incluso como una especie de misterio clínico.

Yo lo llamo ajuste de cuentas con la realidad.

Porque no, no es que “ahora piense más en mí” como si antes hubiera sido una mártir despistada. Es que ahora también entro yo en la ecuación. Que es bastante distinto.

Y en medio de todo esto, aparece un pensamiento poco elegante pero tremendamente honesto: mira lo que se han perdido.

No lo digo desde la soberbia, aunque lo parezca. Lo digo desde la constatación. Perder a alguien que estaba —de verdad—, que no fallaba, que no negociaba su apoyo… no es trivial.

Durante años fui ese recurso inagotable. Esa persona a la que se acude sin dudar porque sabes que no va a fallar. Y eso tiene un valor.

La diferencia es que ahora ese recurso tiene condiciones de uso.

No hay rencor permanente, aunque haya momentos de claridad un poco más cruda (“que se jodan” es una forma rápida de resumir procesos complejos). Hay, sobre todo, un criterio nuevo: si no hay reciprocidad mínima, no hay acceso ilimitado.

Y no, no significa quedarse sola. Significa dejar espacio para vínculos donde no haya que sostenerlo todo en solitario.

Quizá lo más interesante no es a quién dejo fuera, sino a quién dejo entrar ahora.

Esa parte aún se está escribiendo.

Y sinceramente, esto se está poniendo interesante. Muy interesante…

 

 


DEL SILENCIO COMO POSTURA


853 y 1900

Fui de las que tuvo que explicarse durante años. No había puesto ninguna bomba, pero sentía que el independentismo y socialismo vasco tenía una legitimidad política que merecía algo mejor que la muerte como argumento. Eso me convirtió, en ciertos contextos, en sospechosa. En cómplice por simpatía ideológica. En alguien que tenía que rendir cuentas.

Y las rendí. Durante mucho tiempo.

Para los 853 muertos de ETA en cincuenta años, España construyó toda una arquitectura institucional. La Audiencia Nacional. La legislación antiterrorista. El régimen de dispersión penitenciaria. Se ilegalizaron partidos. Se procesó a periodistas. Se cerró un periódico. Se torturó hasta matar. Y se hizo terrorismo de Estado: el Batallón Vasco Español, la Triple A, los GAL y una constelación de grupos paramilitares con guardias civiles, policías y militares dentro que sumaron más de noventa muertos entre los años setenta y los ochenta. Con cobertura institucional. Con impunidad casi total. Su responsabilidad política última la sabe todo el mundo. Los tribunales, curiosamente, no llegaron tan arriba. El Estado se tomó aquello muy en serio —con sus luces y sus sombras, con sus excesos y sus logros— porque entendió que una violencia organizada y sistemática contra la convivencia requería una respuesta organizada y sistemática.

Y los que sentíamos simpatía por los valores —los valores, no los métodos— aprendimos que la complicidad ideológica, aunque fuera indirecta, aunque fuera solo en la cabeza, tenía consecuencias morales. Nos lo enseñaron. Con insistencia.

Ahora miro estas otras cifras y no sé muy bien cómo sostenerlas.

Desde 2003, cuando el estado español empezó a contarlas —y ya es elocuente que haya un “desde cuándo empezamos a contarlas”—, llevamos aproximadamente 1.900 mujeres asesinadas por violencia machista. En veintitrés años. 1.900 mujeres. 1.358 por sus parejas o exparejas. El resto en feminicidios que ni siquiera se registraban oficialmente hasta 2022, porque antes no existían como categoría. 68 niños asesinados por sus padres para hacerle daño a su madre. Aproximadamente 0,7 millones de condenas firmes acumuladas desde 2003. Una cifra que no habla de monstruos aislados sino de un patrón. De un sistema.

No se ha construido ninguna Audiencia Nacional para esto. El debate sobre si esta violencia existe o es una construcción ideológica sigue siendo, de forma inverosímil, un debate.

Y los hombres, en su mayoría, no se sienten interpelados.

Eso es lo que no entiendo. O quizá sí lo entiendo, y por eso me duele más.

A mí me enseñaron que simpatizar con un sistema de valores que genera violencia —aunque yo no ejerciera ninguna, aunque repudiara los métodos— me hacía responsable de algo. Que el silencio era una postura. Que la distancia cómoda tenía un coste moral.

¿Por qué esa misma lógica no se aplica a los hombres?

No les estoy pidiendo que se sientan asesinos. Les estoy pidiendo lo mismo que me pidieron a mí: que la cosa vaya con ellos. Que cuando leen esa cifra —1.900 mujeres— no lo procesen como una tragedia abstracta sino como algo que ocurre dentro de su género, en su entorno, con su silencio como fondo. Que se pregunten qué parte del sistema sostienen sin saberlo, o sabiéndolo.

Que se sientan interpelados.

 Las que simpatizamos con el independentismo vasco sin poner ninguna bomba aprendimos a las malas lo que significa sentirse interpelada. Años de sospecha, de dar explicaciones, de rendir cuentas por valores que no eran crímenes. No le deseo ese proceso a nadie. Pero sí le deseo a los hombres que lleguen al mismo sitio sin necesitar que nadie les empuje: que cuando lean esa cifra, la sientan como propia. 

Que la cosa vaya con ellos.



lunes, 20 de abril de 2026

EL ZAPATO QUE NO PIDE PERMISO




Hay zapatos que explican a su dueña sin que ella tenga que abrir la boca. El Oxford es uno de ellos.

Nació en el siglo XVII en una universidad inglesa, como calzado de estudiantes que querían moverse sin que las botas les llegaran a la rodilla. Cosa de hombres, evidentemente. Como casi todo lo cómodo.

Dos siglos después, las sufragistas lo robaron. No fue un accidente: fue un manifiesto con cordones. Las mujeres del movimiento de reforma del vestido —las que pedían votar, las que montaban en bicicleta, las que estudiaban medicina cuando eso era un escándalo— eligieron el Oxford porque permitía algo revolucionario: caminar. De verdad. Sin que el tacón dictara el ritmo ni el corsé dictara la respiración. Llevar un Oxford en 1880 era una declaración política disfrazada de calzado.

Yo no pienso tanto en las sufragistas cuando me los pongo. Pienso en que me gustan.

Los míos son negros, de piel, cap-toe —esa costura horizontal en la puntera que les da un aire entre severo y perfecto— y llevan cordones blancos. Que puse yo, claro, porque si hay algo que me cuesta es dejar las cosas como están. El blanco sobre el negro no es un descuido: es una opinión.

Los llevo casi siempre con vestido. Uno de segunda mano —casi toda mi ropa lo es, porque la ropa que ya vivió tiene más carácter que la ropa que acaba de nacer— al que le cosí dos tutús negros, uno encima del otro, en la parte de abajo. El resultado es ese volumen esponjoso y oscuro que tienen los tutús cuando se apilan: muy femenino, muy de princesa a la que el cuento se le fue oscureciendo solo. El Oxford debajo de tanto vuelo no desentona: ancla. Le dice al vestido hasta aquí llegamos, que yo soy seria. El vestido no le hace ni caso, claro, y juntos se entienden de maravilla.

También los llevo con unos pantalones de crepé negro con rayas blancas, anchísimos, abiertos hasta justo por encima de la rodilla. El crepé no brilla, no presume, pero se mueve con cualquier aire como si supiera exactamente lo que hace. Yo finjo lo mismo. Cada paso es una pequeña coreografía entre el vuelo y el peso, entre parecer que todo está pensado y que nada lo está demasiado.

Supongo que es siempre la misma idea: lo estructurado y lo etéreo. Lo que pesa y lo que vuela. Las sufragistas querían caminar.

 Yo también, pero con más tutú y menos heroísmo…

sábado, 28 de febrero de 2026

CRITICA A LA PELICULA BASURA “LOS DOMINGOS”

UNA VOCACIÓN SIN ALTERNATIVAS : PODER, FE Y ADOLESCENCIA.

La película construye su relato alrededor de una vocación religiosa adolescente presentada como experiencia íntima y elevada. El problema no es que trate la fe; el problema es cómo la trata. Lo que se muestra en pantalla no es un discernimiento plural, sino un itinerario donde la asimetría de poder entre adultos consagrados y una menor queda normalizada y apenas interrogada.

La protagonista es menor de edad. Frente a ella aparecen figuras adultas —monjas, sacerdote— revestidas de autoridad moral, simbólica y espiritual. Esa diferencia no es anecdótica: es estructural. La joven no dialoga en igualdad; se somete a interrogatorios sobre su intimidad, su cuerpo, sus emociones. La película lo filma con serenidad, casi con reverencia. Pero lo que se observa es un adulto interpretando la conciencia de una adolescente desde un marco cerrado: “Dios te llama”, “Dios te ha elegido”. No se presentan alternativas equivalentes. No hay un horizonte donde la vocación sea una opción entre muchas; parece la única respuesta legítima a su inquietud interior.

Aquí emerge la cuestión central: ¿hay verdadera libertad cuando el lenguaje religioso define el significado de tus emociones antes de que puedas explorarlas fuera de ese marco? Si cada duda puede reinterpretarse como “tentación” y cada deseo como “llamada”, la autonomía queda absorbida por la narrativa trascendente. La película no muestra coerción explícita, pero sí una forma más sutil de dirección unilateral de la identidad.

A esto se suma el tratamiento de la figura disidente. La tía atea, que encarna la resistencia al relato religioso, aparece caricaturizada: emocional, desbordada, casi ridícula. No se le concede densidad intelectual ni moral equivalente. Su escepticismo no es presentado como postura razonada, sino como reacción histérica. El contraste es evidente: la fe se filma con solemnidad; la incredulidad, con ironía.

Este desequilibrio refuerza el sesgo estructural del relato. No solo existe una asimetría entre adultos y menor; también entre cosmovisiones. La religiosa se presenta como madura y profunda; la secular, como inmadura y reactiva. Así, la película no explora el conflicto: lo orienta.

El resultado es una obra que estetiza la vocación temprana sin problematizar suficientemente los riesgos inherentes a una relación de autoridad espiritual sobre una menor. No cuestiona de forma crítica el marco institucional que legitima esa dirección de conciencia. Y al no hacerlo, convierte lo que podría ser un debate sobre libertad y poder en una narración unilateral donde la trascendencia parece neutralizar cualquier sospecha.

No se trata de negar la posibilidad de una vocación auténtica. Se trata de exigir que, cuando se representa a una adolescente en diálogo con adultos investidos de autoridad religiosa, la película interrogue con la misma intensidad la estructura de poder que sostiene ese diálogo. Aquí, esa pregunta queda demasiado amortiguada.

Con la iglesia hemos topado …


viernes, 27 de febrero de 2026

PARA MI QUERIDO PRIMO


La estrategia final


Mi primo se está muriendo y yo sigo abriendo cajones que él hizo hace mil años. Los cierro y encajan. Siempre encajan. Era carpintero y trabajaba la madera “para toda la vida”. Lo decía sin metáfora. Para toda la vida. 
Veraneamos primero en Castilla, donde la infancia era compacta y el mundo cabía en pocas calles. Después en la costa, donde el mar nos enseñó que el horizonte existe, aunque uno no siempre vaya a cruzarlo. Crecimos entre la sal y la arena, entre la tierra firme y el agua abierta. Compartimos veranos, secretos mínimos, silencios cómodos. Luego la vida nos separó en biografías distintas, pero no nos desmontó.
Mi primo obedecía a sus deseos con una coherencia que a mí siempre me ha impresionado. Hacía tiro deportivo. También cazaba. Un día quiso un caballo y lo tuvo durante años. Más tarde quiso un barco. Y también lo tuvo. No era capricho superficial: era una forma de decirle sí a la vida cuando algo le llamaba. 
Cuando me casé, me hizo los muebles para mi casa. Hace mil años. Han resistido mudanzas, modas, cambios de carácter, etapas luminosas y otras más ásperas. Siguen encajando. Él hacía las cosas para durar. No con solemnidad, sino con oficio. 
Pero la enseñanza que más me acompañó fue otra.
Un verano, su madre dobló un pantalón suyo para guardar y cayó un paquete de tabaco. Éramos niños. “¿Y esto?????!!!!!?”. Y él, sin pestañear: “No es mío, no sé cómo ha llegado ahí, ni idea”. Negarlo todo. Sin fisuras. Sin dramatismo.
La estrategia final.
No es mío, no sé cómo ha llegado ahí, no sé nada.
Yo observaba fascinada. No por la mentira —que la había—, sino por la serenidad. Por la convicción. Por la capacidad de sostenerse. Aquella escena terminó mejor de lo que yo imaginaba, y yo guardé la lección como quien guarda una herramienta que quizá no necesite, pero que tranquiliza tener. Con el tiempo entendí que lo que admiraba no era la negación, sino la firmeza. Esa misma firmeza con la que ajustaba una puerta o elegía un caballo. La idea de que, ante la intemperie, uno puede mantenerse entero.
Ahora que él se está muriendo,los muebles siguen aquí.
La vida no dura lo mismo que la madera. Y, sin embargo, algo de él sí ha durado. Su manera de sostenerse. Su forma de querer sin aspavientos. Su lealtad callada. 
Le despido con gratitud. Por la infancia compartida entre la sal y el mar. Por los muebles que aún encajan. Y por haberme enseñado que, cuando llegue el momento difícil, una puede elegir no desmoronarse. 
Te quiero mucho, primo.

jueves, 28 de septiembre de 2017

TE QUIERO



En un sueño traslúcido
he atrapado el verde de tus ojos
entre los míos
y silenciado todo lo demás.
Tu mirada fija ofrece vida
que atrae aves de vuelo gracioso
y plumaje colorido.
A veces, alegre,
te unes a ellas
y a tu vuelta
suave y saciado
lanzas tus brazos hacía mí
mucho mas hondos y cálidos
que todos mis poemas.
Y yo aquí
ay,
éndote
día samente remos sil
iero.



EL CERO ABSOLUTO



Casi lo han conseguido. Ayer me lo contaba entusiasmado un científico de mecánica cuántica , que ya en los experimentos están rozando el cero absoluto, los -273,15ºC.

De manera teórica ellos afirman que esta es la mínima temperatura alcanzable por una molécula o cuerpo, pues a ese nivel no existiría vibración atómica alguna y las moléculas ni se moverían ni llegarían a vibrar.

La mayor cámara frigorífica actual sólo alcanza los -273,144ºC. La razón de ello es que las moléculas de la cámara, al llegar a esa temperatura, no tienen energía suficiente para que ésta descienda aún más.

Pero les queda poco para conseguir el estado de reposo. Que dicen que lo van a conseguir.

Si no fuera por el entusiasmo que le invadía mientras me lo contaba , no sé si es una noticia buena o mala.


UN CAFE CON ELVIRA





Es mi amiga, ya de varios años. Nos conocimos en unas clases de teatro en la que nos triplicaba la edad a casi todos.  Podría ser mi madre , pero no lo parece porque tiene un espíritu joven e indómito y exprime la vida. Por eso me gusta estar con ella. Viste tan informal que yo misma no me atrevería hacerlo , le gustan las mallas, las botas rojas, los pañuelos de colores y los sombreros negros.
Su vida merecería ser narrada en una película a todo color.
Cuenta como estuvo en un convento siendo una adolescente , del que salió al de varios años con su habito puesto, diez mil pesetas y una guitarra. Lo primero que hizo al salir fue comprar ropa de civil y con su maleta y su guitarra volver haciendo auto-stop a casa de sus padres.
Luego  pasó por una comuna, estudió magisterio, enfermería, psicología y se casó por amor con su compañero de carrera, trasladándose a vivir muy lejos de su casa.
Ahora sigue practicando danza libre , revoloteando su falda de seda al viento.
Nunca me ha confesado el secreto tan bien guardado de su enorme vitalidad. Quizá sea su pasión por la vida ,estar siempre en movimiento.
La próxima vez no me contendré y la someteré a un tercer grado...
Ya os contaré


miércoles, 27 de enero de 2016

LOS HUEVOS

Me  gustan los huevos. Fritos, en tortilla, cocidos en ensalada, cocidos y aliñados con mayonesa, rellenos de atun, rellenos de marisco, rellenos de bechamel , ufff me gustan tanto...
 Y afortunadamente ayer lei que no son tan malos como se decía sino que ahora resulta que son execelentes para la salud . Mira tu por donde.
La característica nutricional más conocida de los huevos es la alta calidad de sus proteínas. 
Menos conocido, sin embargo, es que el huevo es fuente de fósforo, hierro, cinc, vitaminas A, E y ácido fólico, y que es rico en las vitaminas B2 (riboflavina), B12 y D. La última encuesta dietética realizada a la población española  reveló que existe una ingesta deficiente, en algunos sectores de población, de cinc, vitaminas A y D y ácido fólico. Son nutrientes que, como se ha detallado, están presentes de forma significativa en el huevo. De hecho, se estima que casi el 10% de la ingesta de vitamina A de la población española proviene del huevo. Y yo comprando suplementos.
Además consumirlos no produce elevaciones peligrosas en los niveles de colesterol en humanos. Un grupo de expertos, coordinado por el doctor Frank Hu de la Universidad de Harvard, indicó en 1999 que las personas sanas pueden tomar un huevo a diario sin que ello suponga un problema para su salud, algo que recogió un conocido slogan denominado 'Egg a day OK for healthy people' ('un huevo al día está bien para las personas sanas').  y este estudio parece seguir vigente!! (que con los médicos con su donde dije digo digo diego nunca se sabe).
El dia 9 de octubre se celebra el Día Mundial del Huevo, instaurado por la International Egg Comission (IEC) hace 20 años a fin de recordar la importancia de este alimento. De ahora en adelante pienso celebrarlo.

Como es posible que no me haya enterado antes y esté comiendo miserablemente 2 huevos a la semana!! Esta noche...


UN ERROR EN LOS PACTOS COLOCA A DONALD TRUMP COMO PRESIDENTE DEL GOBIERNO ESPAÑOL



LOS DIPUTADOS HAN CALCULADO MAL LAS ALIANZAS


Donald Trump, el magnate americano que aspira a la presidencia de Estados Unidos, ha sido investido presidente del Gobierno español esta mañana después de que los principales partidos del Parlamento hayan depositado sus votos para elegir a sus candidatos. La investidura ha tenido lugar tras semanas de negociaciones, pactos, apoyos y estrategias de todos los partidos políticos para escoger un nuevo presidente.
“Se ha investido al señor… el señor Donald Trump es el nuevo Jefe del Ejecutivo”, anunciaba esta mañana Patxi López, presidente del Congreso de los Diputados.
Tras quince recuentos, el multimillonario habría obtenido 187 votos a favor, 149 en contra y 14 abstenciones. Entre las múltiples posibilidades de formación de gobierno, nadie había contemplado la posibilidad de investir a un político extranjero.
“Hemos calculado mal”, han declarado diversos políticos esta mañana al salir del hemiciclo. López comunicará hoy mismo al Rey que ha sido Trump quien ha obtenido la confianza de la Cámara.
El malentendido también ha dejado en la oposición a todos los partidos políticos españoles.
El secretario general de Podemos ha asegurado también que está dispuesto a negociar “sin líneas rojas” con Trump para llegar a un acuerdo de Gobierno. La vicepresidenta de España, Sarah Palin, ha aconsejado a los partidos españoles esperar cuatro años para plantear nuevos cambios en el Ejecutivo.


Fuente . El mundo Today

viernes, 17 de mayo de 2013

CARTA DE DESPEDIDA DE HENRY MILLER A ANÄIS NIN


Qué son las despedidas si no saludos disfrazados de tristeza? Lo mismo que el deseo y el placer de verte mientras te desnudas y te envuelves en la sábanas. Nunca has sido mía. Nunca pude poseerte y amarte. Nunca me amaste o me amaste demasiado o me admiraste como la niña que toma una lente y se pone a ver cómo marchan las hormigas y cómo, en un esfuerzo inacabable y lleno de fatiga, cargan enormes migajas de pan. Qué son aquellas noches lluviosas en medio de la cama de un hotel. Qué el recuerdo de nuestros pasos por la calle, en el teatro o en la sala de conciertos. Qué son los recuerdos de los celos y de tus amantes y de June y de mis amantes.
Anaïs, no creo que nadie haya sido tan feliz como lo fuimos nosotros. No creo que exista en la historia del hombre y de la mujer un hombre y una mujer como tú y como yo, con nuestra historia, nuestras circunstancias; con aquello que se desbordaba en las paredes, el ruido de la calle y la explosión de tu mirada inquieta de ojos delineados en negro; con la sinceridad de tu cuerpo frágil y tu secreto agresivo e insaciable. El recuerdo puede ser cruel cuando estás volando febrilmente a tu próximo destino, a otros brazos que te reciban expectantes y hambrientos. El recuerdo de tu diario rojo que tirabas en la humedad de la cama entre tus labios entreabiertos y mis ganas de desearte. Te deseo. Te deseo con la desesperación y el anhelo de lo imposible y ya te has ido y tal vez, en un sueño imaginativo y romántico, leerás estas palabras una y otra vez, en medio de mi ciudad con la gente pasando en medio de las calles y la sorpresa en tus ojos y la gran dama con el fuego en la mano derecha.
Mi querida Anaïs, ma petite, ma jolie, infanta inquieta de sal nocturna. Te extraño cuando huyes de madrugada y te extraño cuando camino y me tomo un café en la calle; te extraño cuando June se acerca cariñosa y cuando paso por los grandes aparadores. Te extraño casi a todas horas: cuando escribo, cuando te pienso, cuando escucho las campanas que me anuncian que ya son las tres, cuando me acuerdo de las horas interminables entre humo y whisky, cuando tengo una comida que dura toda la tarde, también cuando me despido de ti cada día a la misma hora, cuando como en aquel lugar donde nos dio el aire y cuando escucho la radio. Adiós, Anaïs, adiós. Ya nos encontraremos en otras vidas y en otras vidas podré poseerte y quedarme contigo para siempre. Ya te veré en medio de la nieve y entre libros y vino.
Adiós, tuyo siempre
Henry

martes, 30 de octubre de 2012

EL POETA SE SIENTE LUNA


En la noche
el miedo incitado por lo oscuro
me golpea fuerte el armazón.
Con la resonancia del impacto
pienso, siento, temo, sustento.
Los aguijones retumbantes
hacen
que la incertidumbre
reafirme plena mi presencia.
Miles de noches y cientos de lunas
han hecho falta
para que ese sonido excesivo y áspero,
en la forja de los días
y escondido bajo el miedo
atisbe el estallido
del runrún primoroso del canturreo,
de la bonanza y del silencio.
Acaso regrese ilusionado
desde el candor confiado
de la infancia.
Abro mis brazos y escucho.
Mis manos quieren dibujar para tí ese nuevo sonido.

martes, 16 de octubre de 2012

KARMA

 
La blusa blanca y el lazo negro bajo la brillante luz del ardiente desierto. Pudor y fuerza. El encanto sobrio modulando el alegato implacable de la osadía en los años antiguos. Un calor tórrido y valiente susurra en el ambiente murmullos indomables de redención.
De aquello me queda el espíritu, aunque un poco más escondida la esperanza y el arqueo del cogote cuando me ensimismo mirando y viendo, oyendo y escuchando, incluso a mí misma.
Cómo pasa el tiempo…. y el espacio, que dicen que al final son la misma cosa.
 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

ANHELO IMAGINADO


Llegaste.
Como un chaparrón inesperado
inundaste
 mis manos de caricias,
 mi alma de ganas,
 mi rostro de risa,
 mi sexo de danza,
 mi piel de cariño,
mi corazón de ternura,
 mis días de vida,
 mi cuerpo de tí.
Llegaste.
Mezclado,
 ni queriendo sin saber ni sabiendo sin querer,
 ni hablando sin mirar ni mirando sin hablar,
ni pensando sin sentir ni sintiendo sin pensar,
 llorando sin llorar.
Sonriendo.
Eres el retorno de los ciclos y de las cosechas,
 de los atardeceres,
de los labios húmedos y de la brisa cálida,
 de la integral enhiesta y del refugio amable,
 de los juegos mágicos y del arrullo quedo,
del soniquete impúdico y del color del vértigo.
Del dulce arrebato.
Vuelve anda,
 y tráeme tu luz o tu penunbra,
 tu risa o tu llanto,
tu terneza o tu firmeza,
tu calma o tu ímpetu,
 tu voz o tu silencio,
tu pausa o tu trajín.
Tráeme anda.


martes, 18 de septiembre de 2012

NI FRANCO NI EL TABACO

Santiago Carrillo
Tolosa 1 de Mayo de 1936

Un siglo de la historia de España.
In memoriam.

UNA CAPERUCITA MÁS

Por fin es domingo y puede ir al bosque. Le gusta atravesarlo caminando para llegar a la hora de la comida a casa de su abuela. Su madre siempre le recuerda que el bosque es peligroso y mejor que vaya por carretera en su flamante moto BMW negra de 500cc que le ha costado varios sueldos completos de ayudante de peluquera y varios meses de azafata a destajo en distintas convenciones de agentes inmobiliarios. Pero tampoco en esto le hace caso a su madre, le gusta andar por el bosque.
Hoy es el primer domingo de adviento y siempre le ha gustado celebrarlo con su abuela. Por eso le lleva una botella de absenta y una jarrita de litro y medio de cerveza negra para limpiar el licorazo.
Estar con su abuela siempre es un buen plan. Adora su pelo sin teñir, su pereza dominical, su menestra de cordero y su afición por las drogas. Ella le ha intentado enseñar a espaldas de su madre a cocinar tartas cuando quiere desenfocar un problema, cuales son las pastillas para dormir, cuales las de los nervios, cuales las de hacer el amor. Pero sobretodo le ha intentado enseñar a no mezclar y a no pasarse. Pero a Caperucita se le ha ido de las manos....
El primer domingo de adviento ha llegado soleado y amable y con su cestita de mimbre y su música preferida se adentra canturreando en el frondoso hayedo sombrío y mágico.
Saluda a Martín el cazador, como cada 15 días
- Buenos días preciosa .Qué, a donde la abuela?
- Sí Martín a celebrar el adviento.
- Te estaba esperando, hoy vienes un poco más tarde.
- Es que anoche desfasé un poco y me ha costado levantarme.
- Estás guapísima a pesar de todo. Qué, hace un petita?.
- Tú que me miras con buenos ojos. Venga ese petita.
Todo un Señor Canuto de marihuana que tarda poco en consumirse mientras ríen recordando su vida en común.
- Bueno Martín, que mi abuela se va a preocupar.  
- No te vayas Caperucita , cásate conmigo!!  
- Lo tendré en cuenta Martín mira que lo pienso dos veces al mes , pero no acabo de decidirme...
- Te esperaré siempre porque soy tuyo, Caperucita...
Continuó su camino mucho más contenta, sin darse cuenta de que Ferrán el lobo la persigue escondido detrás de los árboles como cada quince días desde hace más de 8 años. Muchos años de deseo contenido a los que decide poner fin :
- Buenos días Caperucita...
- Jopé que susto !!!! quien eres? que no te conozco...  
- Soy Ferrán el lobo, vivo aquí y sigo todos y cada uno de tus pasos por el bosque cada quince días ...me gusta tu capa roja, tu vestido blanco, tu pelo rubio, tu carita .... creo que estoy enamorado de tí.....me gustaría invitarte a desayunar, he hecho un revuelto de hongos y una infusión caliente....
Caperucita no lo duda , nota la franqueza de Ferrán y le gustan demasiado los hongos como para no aceptarlos.
Desayunan contentos, mientras Ferrán habla y habla con su voz naranja que le entra a Caperucita por los dedos pequeñitos de los pies en forma de esferas verdes, rojas y fucsias y después de un tortuoso y placentero recorrido por su cuerpo salen de nuevo por su coronilla como un haz de luz violeta. Luz de paz. Mira a Ferrán y a su cuerpo azul turquesa que se transforma cada instante ahora en cubo, ahora en pirámide , ahora en corazón, ahora en torbellino cadencioso de mar y de cariño. Se siente feliz y tan enamorada de Ferrán...
Ferrán grande, peludo y cariñoso la coge en brazos , recoge la cesta y suavemente sin dejar de mirarla la lleva hasta la casa de su abuela. La deja en el recodo anterior del bosque y se marcha sigiloso, sin ruido, como es él.
- Abuelita!!!
- Se enfría la menestra Caperucita...
Pero a Caperucita eso no le importa, está segura de haber encontrado a su hombre.
Ese hombre que la querrá, que la defenderá del mal, con el que dejará de sentirse sola, con el que se casará y vivirán un amor eterno.
Y quizá hasta podrá dejar las drogas.....

P.S. Sí, se casaron. God bless.
P.P.S. No está basado en hechos reales y cualquier parecido con la realidad es fruto de la cerveza negra y de la absenta. Los novios de la foto son muy amables, se quieren y no se drogan.

SE VAN


Hoy he visto
marcharse triste su discurso
hablando hueco
pensando blanco
llorando tiempo.

Hoy he sentido
llegar avariciosa su salida
llevando prisa
tramando cierre
riendo falso.

Hoy he visto
nerviosa su mirada
sus manos ávidas
teclean duro
hay poco tiempo...