sábado, 25 de abril de 2026

MIS 100.000 PESETAS Y YO



(O cómo financié el crowdfunding más grande de la historia de Europa sin saber que eso existía)

El 15 de julio de 1998 el juez Garzón cerró Egin. El 16 de julio de 1998 ya estábamos poniendo dinero para abrirlo de nuevo.

Al día siguiente. Literalmente.

No había plataformas, no había algoritmos, no había campañas virales. Ni siquiera había nombre para lo que estábamos haciendo. Había rabia, había convicciones, y había gente sacando la cartera antes de que el polvo del cierre se hubiera asentado. Los propios trabajadores de Egin sacaron algo a la calle al día siguiente, como quien dice aquí seguimos, no nos habéis callado. Y nosotros, desde fuera, respondimos igual :

6 millones de euros de hoy

10.000 personas

el mayor caso conocido en Europa en este tipo de financiación

A base de confianza, de boca en boca, de sobres y firmas. Y nació Gara.

Yo puse 100.000 pesetas. Una cifra redonda que en pesetas suena a mucho más de lo que era: 601 euros. Lo que cuesta hoy una noche de hotel con pensión completa en Donosti.

Acabo de calcular cuánto valdría ese dinero invertido en ladrillo, que es lo que hago siempre. Entre 1.600 y 1.800 euros. Tampoco para tirar cohetes. Pero el 16 de julio de 1998 no pensé ni un segundo en el ladrillo. Pensé en que necesitábamos un periódico, y lo pensaron otras 9.999 personas al mismo tiempo, con la misma urgencia, casi el mismo día. No lo llamábamos crowdfunding. Lo llamábamos compromiso.

Quince años después, en 2015, Pedro J. Ramírez lanzó El Español con una campaña de crowdfunding que se presentó como récord mundial del periodismo. Consiguió 3,6 millones de euros. De 5.600 personas. Con toda la maquinaria de internet, las redes sociales y la prensa rosa cubriendo cada movimiento del fundador.

Nosotros fuimos el doble de gente y recogimos el doble de dinero. En 1998. Sin móviles. Sin wifi. Sin nada más que las ganas y el cabreo.

La diferencia es que ellos lo llamaron crowdfunding y salió en todos los periódicos. Nosotros lo llamamos compromiso, y no salió en ninguno. Porque cuando lo hace la izquierda abertzale, la historia mira para otro lado. Siempre hay una razón. Siempre hay un pero. Siempre hay un silencio que se disfraza de prudencia.

Porque en 1998 pusimos dinero movidos por valores. Y los valores siguen ahí. Intactos. Aunque el mundo que los necesita sea cada vez más oscuro y más ruidoso.

Hoy el fascismo avanza a gritos y a insultos. La extrema derecha ha aprendido a ocupar todos los espacios sembrando miedo y barro. Y en ese paisaje, un periódico que dice lo que piensa, que no le debe nada a ningún poder institucional ni a ninguna derecha con chequera, vale más que nunca. Aunque ande justo. Aunque nadie lo cuente.
En 1998 supimos responder al día siguiente. Sin manual, sin plataforma, sin nombre para lo que estábamos haciendo. Solo con la certeza de que había que hacer algo.
Quizá ahora también toca pensar qué hay que hacer. 

Otra vez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario