Las fiestas de Bilbao. Primer partido de liga. El Athletic contra quien sea. Soy del Athletic como se es del Athletic, o sea, sin matices ni condiciones ni marcha atrás posible. Da igual dónde hayas nacido. Hay peñas en los sitios más recónditos y alejados.
De camino al campo, mi hijo mayor, que era un Pepito Grillo con zapatillas, ya venía en modo apocalíptico: que …Jo, ama que vamos a tener que esperar muchísimo, que vámonos, que para qué, que vámonos. El típico runrún del que ya ha decidido que las cosas van a salir mal antes de que empiecen.
Llegamos. Aparqué en un sitio prohibido, prohibidísimo, justo al lado de la taquilla. Y la cola daba prácticamente la vuelta al estadio. Había gente que llevaba ahí desde la noche anterior. Durmiendo en la acera. Por un partido de fútbol.
Miré la cola. Miré a mis hijos. Miré la cola otra vez.
Y me acerqué al quinto o sexto de la fila, que tenía cara de buena persona, y le dije: oye, ¿te importaría sacarme entradas? Una de adulto y dos de menores. Le di una propina, se quedó contento, yo me quedé contentísima, y en un cuarto de hora estaba la cosa resuelta. Con el coche todavía caliente.
Pepito Grillo me miró con esa mezcla de admiración y reprobación que solo dominan los hijos adolescentes y me dijo:
…Si toda la gente hiciera lo que tú… ¿qué sería el mundo?
Pensé: tienes razón.
Pero oye, que le vamos a hacer.
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